El gato, negro como el azabache, se desperezó displicentemente, como sólo los gatos son capaces, de esa forma en que, al terminar, te miran como si tú, simple mortal, jamás pudieses tener acceso a un control tal del estiramiento propio y sintienen a la vez lástima y desprecio a partes iguales. — Se llama blanquito II. — Una voz juvenil rompió el silencio desde atrás. La conciencia se relamió con aquella interacción ¡Cuantísima información sobre el nominador aportaba aquel apelativo! Voló entonces hasta un momento posterior. La bruja daba una lección. — Esta magia es una mentira que encaja con sus deseos. — Daba vueltas al caldero mientras añadía ingredientes. — La poción te permitirá cambiar tu rostro con el de otra persona pero hay que encontrar el equilibrio apropiado entre el poder vítreo y el resinoso para que el acabado sea realista. Debes moldear la pasta para que se ajuste a la forma que buscas. ¿Qué tal funcionó el mapa que te avisa de dónde están tus enemigos? — Volvió a...
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