Nett
Afueras de Monasterio
Yelen de la quinta semana de la prima vera del año nin cuatro
Impaciente tras horas avanzando por la inclinada carretera con el rítmico tironeo que producía en la carreta el cadencioso andar del trescuernos, Nett pudo sentir que el camino parecía llegar a su fin. El sendero era tan empinado en espiral que subía hasta casi lo alto de la enorme montaña sin llegar a dar una vuelta completa y tan estrecho que en muchas ocasiones media rueda de la carreta llegaba a asomar por el precipicio. Estaban ya casi en la cima cuando Nett vio una grieta en la pared de piedra. Apenas era una más en aquella enorme roca pelada que era la montaña. En poco se distinguía del resto del paisaje. Desde luego no era lo bastante ancha como para que pasase una carreta y no tan alta como para pasar montado a caballo.
La carretera aún seguía hacia arriba, doblando por lo menos el recodo en el que estaban pero Nett intuía que esa grieta era “su parada”.
Si ésta es la entrada a Monasterio ¿Hacia dónde sigue el camino?
— Hemos subido en carreta…— dijo el conductor apenas frunciendo sus agrietados labios sin dejar caer la pipa — ¿Qué hubiese pasado si nos hubiésemos encontrado otra carreta en dirección contraria?
Nett se mesó la barbilla…
Si el camino es sólo de ida ¿A dónde van todas las carretas que suben aquí?
El anciano sonrió para sí y le revolvió el pelo, pero no contestó. Sólo años más tarde descubrió el montacargas escondido en la cara albatónica de la montaña. totalmente oculta por los montes vecinos de tal forma que ni siquiera podía verse desde el mar.
La grieta era eso y no más, no un pasadizo, ni un cañón, ni una garganta. Apenas una vara después de haber entrado ya salías por el otro lado.
De "¿Cómo se fabrica un agente de Monasterio?" — Ensayo académico como texto de consulta — Fenton Sa.
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